Hace unos días recibí un mail:

“Resido en (nombre de una localidad española). Durante el año hacemos actos diversos lúdicos, en algunos de ellos, el pago de la entrada es una aportación voluntaria de comida no perecedera, esta se destina a la delegación local de Cáritas.

La programación de festejos de este verano es muy austera. Uno de los primeros actos se llevó a cabo este pasado domingo, era una actuación muy digna de una pequeña compañía familiar de teatro infantil, para asistir se pedía una aportación voluntaria de comida.

Durante la cena mi esposa me comentó que la comida que aportaba voluntariamente el público era lo que cobraba en especie la compañía de teatro, que estaba formada por un matrimonio y sus hijos. Cuando leí atentamente el programa de los festejos la información de la actuación de dicha compañía de teatro, vi que no aparecía que la aportación de alimentos era destinada a Cáritas.

Algunos de los asistentes al percatarse de la situación fueron a sus casas a por artículos de limpieza etc. Lo que me contaba mi esposa me parecía de tiempos muy lejanos.  Sentí y siento una profunda tristeza”.

Pues si: trabajo por comida es algo de hace mucho, de la época en que no era necesaria tanta oferta de trabajo porque el modelo productivo no podía ocuparla; si, de hace mucho. Pero ahora está sucediendo algo parecido: cuando la actividad aún no había caído, la automatización estaba sustituyendo puestos de trabajo aceleradamente; y ahora, con el virus, lo que ha caído es la actividad. Volverá la normalidad (la Nueva) y la tecnología se expandirá aún más rápidamente.

Por eso, y entre otras razones, para que no suceda lo que dice este mail es necesaria la renta básica.

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