De entrada una aclaración: desde que la productividad –aunque entonces no se llamase así– empezó a ser algo importante allá por los inicios de la I Revolución Industrial a principios del S. XIX, el concepto ha estado vinculado al de ‘más producción’; es decir: aumentar la productividad equivalía a producir más. Digo que empezó a ser algo importante porque el maquinismo sirvió para eso: para producir más gracias a la tecnología vinculada all vapor, en un entorno en el que el objetivo era producir más. Por ello aunque la productividad creciese gracias a la tecnología el consumo de factores productivos aumentaba, y por ello se precisaba de más trabajadores (y cuando esto empezó a declinar a partir de 1850 –debido a que no había capacidad para ocuparlos– se les invitó a que emigrasen a América).

Pero esta idea de productividad comenzó a cambiar en la década de1980 cuando los primeros robots echaron a andar. Resultaba que la mejora constante de la tecnología, su simplificación de uso y su abaratamiento, junto a una organización crecientemente flexible gracias a esa tecnología, fue llevando a que el objetivo dejase de ser ‘fabricar más’ y fuese derivando a ‘fabricar la cantidad conveniente’ en cada momento; por razones de financiación de stocks, sí, pero sobre todo porque al aumentar la productividad la capacidad de producción podía crecer y, en consecuencia la oferta dispararse.

Hoy el concepto de ‘productividad’ se acerca a ‘producir lo conveniente a costes lo menor posibles’, es decir, se mejora la productividad no para producir más sino para producir la cantidad que convenga a los costes más bajos que se pueda … porque ahí radica la competitividad … ya que es más competitivo quien más productivo es. (La productividad de una planta que produzca 1.000 unidades en 100 horas de trabajo es de 10 unidades por hora, pero si esa planta decide pasar a producir 500 unidades y logra producirlas en una hora su productividad se ha disparado … produciendo menos. Hoy los tiros están yendo por ahí).

Lo anterior es algo que está sucediendo en todas las economías desarrolladas, pero la de USA es una economía en la que el fenómeno cobra una especial relevancia porque en ella el consumo genera el 70% del PIB, luego la población, el Estado, los estados y los ayuntamientos tienen que consumir. De ahí que fuese tan importante que la productividad aumentase según el enfoque ‘antiguo’; pero para consumir hace falta que quienes deben hacerlo tengan capacidad de compra, y eso se logra con salarios crecientes y/o capacidad de endeudamiento al alza; pero en USA los salarios medios medidos en términos reales llevan estancados treinta años y la deuda privada ha alcanzado proporciones gigantescas. Ello ha llevado a que en USA exista hoy un exceso de oferta que supone que, a 31 de Agosto, el 9,7% de la población activa esté desocupada, subempleada o que haya abandonado el mercado de trabajo porque no encuentra ningún empleo. (Lo que es una exageración en un modelo en el que, históricamente, el tiempo medio en el que un desempleado tardaba en encontrar trabajo era de 26 semanas).

Pero en ese escenario de defecto de demanda la productividad ha de continuar aumentando porque gracias a ello la competitividad de las compañías mejora y pueden atraer la insuficiente demanda al reducir costes gracias al incremento de productividad, lo que redunda en bajadas de precios o mejora de condiciones. Y aquí es donde nace la dicotomía.

La productividad debe aumentar a fin de ganar competitividad, pero aumentos de productividad implican aumentos del desempleo estructural y abaratamiento de salarios que, en una atmósfera de deuda muy elevada, llevan a caídas del poder adquisitivo y a consumos insuficientes en base a la oferta disponible, lo que fuerza a las empresas a … aumentar la productividad a fin de reducir costes.

Con la tecnología hoy existente ya sería posible automatizar y robotizar muchos más procesos productivos lo que llevaría a niveles de subempleo y de desempleo –estructural– mucho mayores que los actuales. Personalmente he llegado a pensar que se está frenando conscientemente ese proceso a fin de no generar un problema político de dimensiones colosales, pero si hay algo que no pude detenerse es el avance tecnológico: investigar, inventar e innovar se hallan en la genética humana, por lo que lo único que cabe esperar es que la productividad continúe aumentando lo que forzará que un mayor porcentaje de población engrose el subempleo y el desempleo estructural.

¿Cómo se arregla eso? No se puede arreglar. La mayoría de la ciudadanía (el 99,99%) de las zonas más desarrolladas debe ir acostumbrándose a un empeoramiento en sus condiciones de vida con respecto a lo que ha conocido. Por un lado, de media, su poder adquisitivo va a caer –ya se está viendo: la clase media se está reduciendo– y los efectos compensatorios del modelo de protección social –pensiones, sanidad universal, …– se están diluyendo; por otro, y debido al aumento de productividad, cada vez va ser necesaria una menor cantidad de factor trabajo para producir los bienes y servicios que en cada momento sean precisos. (Y no: el reparto del tiempo de trabajo no funciona porque, además de suponer una reducción de salarios … reduce la productividad).

Algo así sólo se asume, o bien con un cambio de mentalidad apoyado en la implementación de una renta básica no condicionada que absorbiese los subsidios ya existentes, complementándolos hasta un nivel prefijado, o bien con la implantación de un régimen dictatorial que reprima cualquier conato de protesta que se presente. O con una combinación de ambas posibilidades.

Los aumentos de productividad no se van a detener porque es la única salida que les queda a las compañías para sobrevivir; la concentración de las empresas en unidades mayores va a ir a más a fin de generar sinergias y economías de escala; el papel del Estado va a menos porque el poder está pasando a las entidades que gobiernan los procesos económicos; y la ciudadanía está perdiendo protagonismo porque las decisiones verdaderamente importantes se toman en los centros de poder económico y estas ciudadanías tan sólo les resta refrendar en la urnas opciones que ya están tomadas de antemano.

Imaginen que puede a suceder cuando la productividad, de verdad, de verdad, empiece a aumentar.

(¿Qué esto recuerda al planteamiento de Karl Marx sobre el fin del Capitalismo?, pues sí; pero con evolución y transformación, no con revolución; y sin alternativa socialista).

(Lo publiqué en l’Econòmic el 09.10.2016)

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