El 5 de Septiembre del 2011, el entonces consejero delegado del Deutsche Bank, Joseph Ackerman, se refiere a la ‘nueva normalidad’: una situación caracterizada por la volatilidad y la incertidumbre que afecta a los mercados y al sector financiero al estar vinculados ‘deuda’ y ‘negocio bancario’ Es una de las primeras ocasiones, sino la primera, en que es utilizado este concepto.

Durante los años siguientes se fueron añadiendo elementos al concepto aunque no de forma directa sino figurativa: la introducción progresiva y el progresivo uso masivo de la tecnología, la creciente comoditización del factor trabajo, el subempleo al alza, la desigualdad en aumento, la segmentación económica, el imparable adelgazamiento de la clase media, la insuficiencia adquisitiva de los salarios medios reales, el número en aumento de trabajadores pobres, los inicios de cambio en el modelo de movilidad, la acelerada pérdida de confianza de la la sociedad en la política, el evidente exceso de oferta de todo, … fueron configurando un escenario nuevo en comparación a lo vivido hace dos décadas, incluso una, que iba conformando un nuevo entorno convivencial. Muy pocos expertos sumaron todo eso, pero era evidente que la normalidad a la que todo eso apuntaba era completamente distinta a la anteriormente vivida; al igual que era evidente que la incertidumbre que se estaba viviendo en el sector financiero era, en parte origen y en parte consecuencia, de lo anteriormente apuntado.

En Noviembre del 2019 apareció el SARS-CoV-2 y dio origen a todo lo que ya conocemos y sentó las bases de un cambio en las relaciones sociales hasta, se apunta, que no exista una vacuna verdaderamente efectiva que sea de acceso masivo; y a eso se le está denominando ‘nueva normalidad’.

Y no. La Nueva Normalidad no es tener que llevar mascarilla de seguridad, mantener una distancia de 1,5 m con las personas del entorno, dividir las clases en las escuelas y trabajar a distancia. Todo eso, así, o de otra manera, puede ser parte de lo que será la Nueva Normalidad antes descrita, una Nueva Realidad permanente aun y en evolución, que puede compartir elementos con esta normalidad postvirus: el trabajo a distancia, el teletrabajo, ‘inventado’ a principios de los años 90 y subutilizado hasta ahora, se ha usado masivamente durante el confinamiento, y se va a continuar utilizando mañana y dentro de un mes, y en la próxima década, y en la siguiente: porque su uso masivo hubiese acabado llegando ya que es parte de la Nueva Normalidad. En este sentido lo único que ha hecho el virus ha sido, como en otros aspectos, como el crecimiento de las plataformas de Internet, acelerar su puesta en marcha: la puesta en marcha del nuevo modelo del que la Nueva Normalidad será su marco de referencia.

Y no: esa Nueva Normalidad, cuando todos esos elementos se hallen en fase, no va a ser bonita, pero va a ser inevitable.

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