Hace unos días recibí un mail.

“Sobre el tema de la desaparición del dinero en efectivo, imagino que soy de los pocos que…

– Nunca he tenido ni querido tarjeta de crédito. (No necesito porque soy austero y nada consumista, y no me sobra el dinero como para ir pagando comisiones).

– No tengo ningún móvil con Android (dispongo de un viejo Symbian y de un Windows Phone que utilizo y me funcionan perfectamente para lo que necesito. No utilizo servicios p. e. de Facebook, Amazon ni Google –Gmail, Whatsapp, Google Chrome, nubes, tiendas, buscadores, etc.–, porque entre otros motivos no me gusta sentirme controlado ni deseo contribuir a agrandar su poder.

– No he estado nunca en ninguna red social (incluidas las que van queriendo hacer de banco, generar monedas propias, etc.).

A lo que voy: Me siento discriminado continuamente.

Empezando por no poder participar en cosas porque las apps sólo son para Android. Aunque sea para algo tan básico como saber si mi autobús está a punto de llegar.

Por lo que usted va enfocando, parece que tarde o temprano no habrá más remedio que bajarse los pantalones en cuanto a lo del dinero en efectivo. Sinceramente, espero que vayan surgiendo movimientos en contra de lo que se avecina, me apuntaré a todas las movidas que pueda en ese sentido. Yo soy feliz llevando mis moneditas y billetitos en el bolsillo y sintiéndome, de este modo, más libre, menos controlado, y menos «paganini».

Respondí que también existen un montón de apps para iOS y comenté que, de cara a lo que viene, su postura apuntaba a una posición muy complicada.

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