El 14.02.2018 la publicación Viaempresa me realizó una entrevista que a continuación reproduzco:

Pregunta: No es solo que actualmente las mujeres cobren por debajo de lo que cobra un hombre, es que también se generan desigualdades entre los pensionistas. Ayer mismo, UGT Catalunya publicó un estudio que cifra en un 40% la brecha entre las pensiones de hombres y mujeres.  ¿Qué consecuencias tiene para la economía real estas desigualdades en la remuneración de los trabajadores? ¿Cómo nos afecta que haya una brecha de género tan evidente?

Respuesta: La brecha en pensiones nace más atrás: de la brecha de remuneración existente entre géneros y que da lugar a menores cotizaciones y a pensiones menores: a eso hay que añadir que las pensiones de viudedad son muy reducidas. Dejando al margen temas de justicia, moral y ética, lo que cuenta en una economía es la masa salarial total que se mueve en tal economía, en consecuencia, a la economía no le importa que exista una brecha salarial de género sino que tal masa salarial sea elevada o reducida. Pero claro, y continuando por un razonamiento puramente económico, desde la perspectiva del consumo iría muy bien que la remuneración real media de la mujer se incrementase, entonces lo harían el gasto en consumo y el ahorro además de la recaudación impositiva y los ingresos por cotizaciones de la Seguridad Social, pero eso llevaría a que los costes laborales creciesen (los totales), lo que en el caso de España sería muy negativo de cara a la competitividad porque en gran medida la competitividad española se sustenta en bajos niveles salariales. Hasta ahora y desde siempre se ha mantenido tal brecha remunerativa de género y la situación  tan solo ha sido abordada desde puntos de vista académicos; si ahora ha saltado a la prensa tal vez sea debido que el incremento salarial del que se viene hablando pueda venir por la reducción de tal brecha lo que, además, podría aportar réditos políticos a los partidos que lo apoyasen. Pienso que si la mujer llevase sus reivindicaciones hasta sus últimas consecuencias: protestas, manifestaciones, huelgas, … el trabajo temporal y el trabajo a tiempo parcial se reducirían, pero el desempleo podría aumentar al crecer la contratación a tiempo completo (masculina y femenina) y desplazar al paro a personas –hombre y mujeres, pero sobre todo mujeres– no  contratadas  a tiempo completo. Recordemos que la española es una economía intensiva en trabajo y no intensiva en capital.

Pregunta: Las mujeres directivas son menos, pero también hay detrás toda una realidad relacionada con la organización de la conciliación laboral, la baja natalidad de nuestro país, las dificultades para llevar una carrera profesional y ser madre que tienen las mujeres… ¿cómo impacta en la economía que una parte de la sociedad viva esta situación?

Respuesta: Pienso que lo que más influye en los techos de cristal femeninos para alcanzar cargos de alta dirección son los roles sociales, la cultura de la sociedad. La que queda embarazada es la mujer y aunque el periodo de gestación discurra sin ningún problema, a nivel social el embarazo ya supone una limitación. Luego, tras el parto, en los primeros meses, la mayor dependencia del bebé es hacia la madre. Y, posteriormente, la sociedad ha supuesto que ‘de ciertos temas relacionados con los hijos’ es la mujer la que debe ocuparse de ellos. Todos esos factores, a lo largo de los siglos, han influido en la mujer. La mujer hubiese podido plantear, hace décadas, que a partir del parto ‘al 50% de las tareas relacionadas con los hijos, a repartir con el padre’ y no moverse de tal posición; pero entonces hubiese tenido el rechazo social, y la mujer, como madre y como mujer, no ha querido tal cosa (y ni el hombre ni la sociedad, en general, no han hecho nada para invertir tal dinámica). Lo cierto es que, se mire como se mire, la maternidad es un techo cristal para la mujer, un techo que no se rompe con normas de conciliación porque es cultural –de la mujer y del hombre– y  de la sociedad como conjunto. Si una compañía tiene como directora financiera a una persona a la que está pagando en fijo más bonus 500.000 $ anuales, ni la empresa, ni la sociedad entenderían que tal persona, si fuese hombre, no pudiera estar en Japón dos semanas para resolver un  problema que tiene la empresa debido a una cuestión relacionada con los hijos; se diría: ‘Que se ocupe otra persona. Su pareja, sus padres, o que contrate a alguien’. Si fuese una mujer lo que se diría es algo parecido a: ‘Claro, es que la mujer tiene otras preocupaciones más importantes como los hijos, la familia, …’. El techo de cristal que tiene la mujer para llegar a altos puestos directivos es, fundamentalmente, la maternidad y como la sociedad y la propia mujer han abordado la cuestión. La baja natalidad no es hoy un problema, al revés, el desempleo estructural que luce España –y no sólo España– indica que existe un exceso de población activa; es decir el techo de cristal no es la maternidad de un segundo hijo, sino del primero. A eso añadamos lo mal que asumen una gran parte de hombres españoles el hecho de que una mujer con la que se relacionan tenga una remuneración superior a la suya. Es decir, los techos de cristal y las brechas salariales, presentes en todos los países, se deben a patrones culturales y educativos: ‘La mujer en casa y con la pierna quebrada’: ¿qué cultura es capaz de acuñar un refrán como ese?. Es necesario una batería de leyes que persigan la discriminación de género, claro, pero si no se empieza a educar a las niñas y a los niños desde su más tierna infancia en el seno de las familias y en las escuelas esa legislación no va servir para nada porque la cultura y las actitudes no se modifican los leyes.

Siempre he creído que el futuro es de la mujer: una mujer tratada con respeto, motivada y remunerada con arreglo a su valía, es imparable. Lo sé porque creé el primer equipo comercial femenino de Europa en el ámbito siderúrgico, de siderurgia de base. Fue un completo y total éxito.

Una lectora leyó la entrevista y me preguntó:

“A título personal quería preguntar por esta afirmación: » Lo cierto es que, se mire como se mire, la maternidad es un techo cristal para la mujer, un techo que no se rompe con normas de conciliación porque es cultural –de la mujer y del hombre– y de la sociedad como conjunto”. Cómo se rompe entonces? Yo soy madre, y profesional, y no quisiera renunciar a ninguna de ambas situaciones, pero entiendo que el sistema, tal como es hoy en día, no nos lo pone fácil. Debemos ser las mejores al 100% y el mito de la superwoman, perdóneme, pero es una utopía”.

Mi respuesta:

“No se rompe. Si una persona, sea hombre o mujer, quiere llegar a la cima profesional ha de cumplir con tres requisitos: ha de ser un genio, ha de tener muy buenos contactos, y ha de vivir totalmente enfocada a la compañía, con el horario, la jornada y las vacaciones que convengan a la compañía. Lo sé porque estuve en contacto con ese nivel. Cualquier otra cosa que se diga es falsa y se dice por motivos políticos. Lo que sucede es que por pura dinámica social, hay menos mujeres que tengan la oportunidad de llegar ahí, y por pura genética hay más hombre que quieran permanecer ahí.

En un escalón inferior la brecha salarial podría deducirse. Pero el problema no es tanto con la parte reglada del salario como con los bonus que dependen más de negociación directa. Y en esa negociación intervienen tanto la histórica postura de superioridad que afecta a muchísimos hombres como la postura de la mayoría de las mujeres que tienden a preservar ese binomio ‘feminidad-maternidad’ que históricamente las ha caracterizado. En cualquier caso también en ese nivel inferior la actitud será de reserva hacia la mujer.

Piense en Ud. misma. Al margen de que su remuneración no sea de 500.000 $ anuales, ¿podría tomar un avión dentro de una hora y estar en Japón quince días?. La inmensa mayoría de los hombres dirían que si, sin pensar en nada más, y de ‘otras cuestiones’ ya se ocupará ‘alguien’ y ‘alguien’ las solucionará; de ahí lo que decía antes sobre la genética.

Alguien dijo que para que una mujer pueda triunfar profesionalmente debe comportarse como un hombre. No es exactamente así, pero … Desde la noche de los tiempos las reglas las han marcado los hombre, lo que es raro porque la mujer ha tenido siempre la llave: la maternidad, y más ahora cuando una mujer está a punto de poder ser madre sin necesidad de un hombre. Se dice que la sociedad cada vez es más femenina, que la inteligencia emocional desempeña un papel creciente y que en eso la mujer tiene ventaja, y se dicen muchas cosas más, pero lo cierto es que la educación familiar y escolar no está yendo por ahí. Y cuatro leyes no van a cambiar eso”.

Me respondió:

“Obviamente, no, no podría tomar un avión corriendo… tampoco quiero, la verdad. Pero sí, le entiendo perfectamente”.

Le respondí:

“Yo oí decir al director comercial de una multinacional muy multinacional que ‘Mis comerciales siempre tienen la maleta con el cepillo de dientes para irse a Corea en media hora’. Lo que no dijo es: ‘Y quien no quiera, ningún problema: hay cola de candidatas/os’. Un comercial de esa compañía podía perfectamente ganar al año 100.000 $ gastos aparte. ¿Se ha dado cuenta de su respuesta: “Obviamente, no, no podría tomar un avión corriendo… tampoco quiero, la verdad” El quid de la cuestión está en este “tampoco quiero, la verdad”. La mayoría de hombres hubieran respondido que si. Ya, los millennials: dicen que prefieren vivir relajadamente que trabajar mucho. Lo que no sé es cuanto, en esa opinión, desempeñarán las expectativas profesionales: para la mayoría mucho menores hoy que hace veinte años”.

Me dijo:

“Pero no tiene que ver con las expectativas profesionales, sino con las personales: tienen que equilibrarse ambas, creo.

Iría a Japón, pero no ahora corriendo, ni de cualquier manera. Y creo que por ello no soy peor, pero es cierto que la sociedad no entiende que unos sí que corramos para ir a Japón y otros no. Ese es el problema, el marco social en el que nos movemos. Por eso estoy de acuerdo en que no son las leyes, es la educación. Y la clave no está solo en los Gobiernos, está en la creencia de que son las familias las que a través de su educación deben convencernos de que una, somos iguales; dos, podemos querer ser felices; y tres, trabajar nos define, no nos impone”.

Y le dije:

“Entonces, en ESTA sociedad, nunca llegará a ser directora financiera de una corporación ni a ganar 500.000 $ al año, lo que está bien si es su elección. Pero para la mayoría de la población sería un error si tuviera la oportunidad y ‘la desaprovechase’, y lo ‘justificarían’ diciendo que decide eso porque es mujer ya que un hombre no lo haría”.

Un tema muy complejo el de la brecha salarial porque toca muchos puntos y afecta a muchas cosas. A muchísimos y a muchísimas.

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