Pienso que para comprender el alcance del ‘fenómeno Trump’ es imprescindible retroceder en el tiempo e introducir una serie de hechos que dibujan cómo y porqué se ha llegado a la actual situación que va mucho más allá de un mero fenómeno ya que configura un desarrollo.
El origen de lo que pienso podría bautizarse como la Galaxia Trump (por utilizar el nombre del protagonista actual de una larga evolución de hechos que han conducido al momento actual) comienza en el S. XVII: en 1607 se produce el primer asentamiento permanente inglés en la actual Virginia: Jamestown, que prosperó gracias al tabaco. (Antes, en 1587, hubo un asentamiento anterior en la isla de Roanoke, en la actual Carolina del Norte, del que, en 1590, cuando llegó un barco con suministros, misteriosamente todos los colonos habían desaparecido).
En 1619, en Jamestown, se formó la House of Burgesses, la primera asamblea legislativa de representantes de lo que luego fue USA que puede considerarse el primer Gobierno, se produjo la llegada de barcos con las primeras mujeres para establecer familias permanentes y la de los primeros africanos esclavizados, marcando el inicio de un modelo económico y social que duraría siglos. Estos colonos buscaban la riqueza y su base no era religiosa.
Pero en 1620 llegaron otros colonos, estos a Nueva Inglaterra, a Massachusetts: los que iban a bordo del Mayflower. Estos era puritanos y en Inglaterra habían luchado para implantar un orden estricto que se apartase del boato que, en su opinión, había caído la Iglesia de Inglaterra muy semejante al boato de la Iglesia Católica, por lo que oponerse al orden establecido equivalía a oponerse al rey, jefe de la Iglesia. Estos colonos creían que tenían un pacto con Dios y creían en la predestinación, por lo que era a través de la pureza y del trabajo como podían demostrar que eran los elegidos. Es decir, en 1620 nace un núcleo puritano y duro que cree que el comportamiento tiene que ser monolítico y sin fisuras; es decir, ultraconservador y con una base religiosa que se sustenta en la posesión de la verdad y de la razón.
Veintitrés años después, en 1843 aparece el Movimiento de los Know-Nothing, denominado Partido Republicano Americano, fue la idea embrión del posterior nacionalismo WASP. El movimiento nace en contra de todo lo que no sean los valores anteriores al inicio de la explosión migratoria irlandesa provocada por la hambruna de 1845. En 1845 el Partido Republicano Americano se convirtió en un partido nacional. Sus miembros acabaron integrándose en el Partido Republicano, fundado en 1854. Sus ideas eran muy conservadoras, y sus ideales expansionistas y totalmente partidario de la colonización del Oeste.
Y en el mismo año de 1845 nace el concepto que subyace en la ‘Doctrina del destino manifiesto’. El periodista John L. O’Sullivan publica un artículo con el título de ‘Anexión’ en la revista Democratic Review de Nueva York. En él argumentaba que Estados Unidos tiene el destino manifiesto, asignado por la Providencia, de expandirse a todo el continente. El origen del razonamiento se halla en escritos del reverendo puritano John Cotton de 1630 que fue uno de los principales ministros de la Iglesia de Nueva Inglaterra.
La Guerra Civil estadounidense sirvió para limar las asperezas existentes entre dos modelos económicos muy diferentes y en gran medida esas asperezas se limaron hipotecando la cuestión racial: en 1874 la mayoría demócrata en el Congreso propició el acercamiento entre el Norte y el Sur y sentó las bases del inicio del despegue de Estados Unidos como potencia. En el acercamiento contribuyó el compromiso adquirido, en 1877 para ganar el apoyo del Sur en las elecciones presidenciales, de la retirada de las tropas federales del Sur, y a que los demócratas recuperaran el poder en el Sur lo que supuso el inicio en estos Estados de las leyes Jim Crow que suponían la segregación de la población afroamericana de la blanca en los lugares públicos. Posteriormente se fueron promulgando otras leyes que en la práctica impedían votar a la población afroamericana. (En el Norte la segregación se producía de facto al concentrarse los afroamericanos en guetos urbanos).
Unos años después, en la década de 1890, comienza en Estados Unidos a darse al término ‘Anglo Saxon’ una connotación racial al asimilarse a descendientes de angloparlantes genuinos sin mezcla; el término cobró más fuerza a partir de 1900. Referida a los misioneros, la acepción ‘Anglo Saxon Protestantism’ llevaba aparejada la misión de expandir los valores americanos propios de lo ‘anglo sajón protestante’.
A principios del S. XX una radiografía de la sociedad estadounidense mostraba un número muy limitado de propietarios enriquecidos en la segunda mitad del S. XIX tras en fin de la Guerra Civil y hasta finales del S. XIX –The Gilded Age–, de carácter muy conservador, hipercapitalista, mayoritariamente protestante y prácticamente blanca en su totalidad, que crecieron en un entorno sin intervención del Estado y alimentado por una emigración miserable procedente mayoritariamente de Europa. En el otro extremo una población empobrecida. En medio nada.
Superada la Depresión y la II Guerra Mundial, en la década de 1950, al término ‘Anglo-Saxon’ se añadió la ‘W’ y la ‘P’ como denotación de una clase social definida. La primera mención del término WASP se realiza en 1957, aunque derivando el significado de la ‘W’ más hacia ‘Wealthy’ que hacia ‘White’; y en 1964 E. Digby Baltzell, profesor en la Universidad de Pennsylvania, publica “The Protestant Establishment: Aristocracy and Caste in America” donde asimila el concepto de WASP a una casta superior que ostenta el poder y denuncia la crisis de liderazgo que se está produciendo en Estados Unidos debido al declive que se estaría dando en tal clase desde mediados del siglo XX. A partir de este momento queda definido el substrato filosófico de un grupo –más que de una clase– que consolidó el protagonismo económico de Estados Unidos: ese grupo tenía el poder, y el protagonismo social en Estados Unidos, luego ese grupo representaba a la sociedad con poder. Por lo que, en consecuencia, ostentaba el protagonismo político.
Durante la Guerra Fría ese grupo adoptó un perfil bajo porque la contestación social: reivindicaciones obreras y oposición a la Guerra de Vietnam, eran significativas, de hecho fue en 1973 cuando fue menor la desigualdad entre los más ricos y los más pobres de la sociedad estadounidense, pero desde 1979 con la victoria de Ronald Reagan en las de lecciones presidenciales –“El Estado es el problema”– comienza un giro en el comportamiento de este grupo muy centrado en el nacionalismo: «Let’s Make America Great Again» y en la glorificación del modo de hacer estadunidense tras el fin de la Guerra Fría: en 1989 Francis Fukuyama publica el artículo “The End of History” en The National Interest. Su tesis es simple: el triunfo indiscutible del Sistema Capitalista liberal implica el fin de la Historia tal y como hasta ahora era conocida lo que supone el triunfo del modelo de Estados Unidos.
Durante las casi tres décadas siguientes el conservadurismo fue en ascenso y llegó a su cima con la fundación del Tea Party en el 2009. De características profundamente conservadoras, de creencias cristianas la inmensa mayoría de sus miembros, contrario a la intervención del Estado, se definieron como mantenedores de los valores de los Padres Fundadores. Su principal importancia política radicó en que extendió su visión a gran parte del Partido Republicano convirtiéndose en el núcleo doctrinal del movimiento MAGA (Make America Great Again) que fue el soporte del candidato Donald Trump en la campaña para las elecciones del 2016 y del 2024.
El movimiento MAGA ha supuesto un giro en aquella postura del grupo de poder. Muy conservador pero a la vez populista y nacionalista, radicalmente antiinmigración, ha contado con el soporte incondicional de las grandes corporaciones tecnológicas de Silicon Valley. Como Palantir Technologies cuyo cofundador y CEO, Alexander C. Karp, junto con su asesor y jefe de asuntos corporativos, Nicholas W. Zamiska, son los autores de la obra “The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West” publicada el 18 de febrero de 2025 y cuyo resumen en 22 puntos ha sido ampliamente difundido:
- Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su auge. La élite de la ingeniería de Silicon Valley tiene la obligación de participar en la defensa de la nación.
- Debemos rebelarnos contra la tiranía de las aplicaciones. ¿Es el iPhone nuestro mayor logro creativo, si no el más importante, como civilización? Este dispositivo ha transformado nuestras vidas, pero también puede estar limitando y restringiendo nuestra percepción de lo posible.
- El correo electrónico gratuito no es suficiente. La decadencia de una cultura o civilización, y de hecho de su clase dirigente, solo se perdonará si esa cultura es capaz de generar crecimiento económico y seguridad para la ciudadanía.
- Se han puesto de manifiesto los límites del poder blando, de la mera retórica grandilocuente. La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer exige algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y este poder duro en este siglo se construirá sobre la base del software.
- La cuestión no es si se construirán armas con IA, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán a entablar debates teatrales sobre las ventajas de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad militar y nacional. Seguirán adelante.
- El servicio militar obligatorio debería ser un deber universal. Como sociedad, deberíamos considerar seriamente abandonar el modelo de fuerzas armadas exclusivamente voluntarias y solo participar en la próxima guerra si todos compartimos el riesgo y el costo.
- Si un infante de marina estadounidense pide un fusil mejor, deberíamos fabricarlo; y lo mismo ocurre con el software. Como país, deberíamos ser capaces de mantener un debate sobre la pertinencia de la acción militar en el extranjero, sin vacilar en nuestro compromiso con aquellos a quienes hemos pedido que arriesguen su vida.
- Los funcionarios públicos no tienen por qué ser nuestros sacerdotes. Cualquier empresa que remunerara a sus empleados como lo hace el gobierno federal con los funcionarios públicos tendría dificultades para sobrevivir.
- Deberíamos mostrar mucha más compasión hacia quienes se han expuesto a la vida pública. La eliminación total del perdón —el abandono de toda tolerancia hacia las complejidades y contradicciones de la psique humana— puede dejarnos con un grupo de personas al mando de las que luego nos arrepentiremos.
- La psicologización de la política moderna nos está desviando del camino correcto. Quienes buscan en la arena política nutrir su alma y su sentido de identidad, quienes confían demasiado en que su vida interior se exprese en personas que quizás nunca conozcan, se sentirán decepcionados.
- Nuestra sociedad se ha vuelto demasiado impaciente por apresurar, e incluso se regocija con, la desaparición de sus enemigos. La derrota de un adversario es un momento para reflexionar, no para celebrar.
- La era atómica está llegando a su fin. Una era de disuasión, la era atómica, está terminando, y una nueva era de disuasión basada en la IA está a punto de comenzar.
- Ningún otro país en la historia del mundo ha promovido los valores progresistas más que este. Estados Unidos dista mucho de ser perfecto. Pero es fácil olvidar cuántas más oportunidades existen en este país para quienes no pertenecen a las élites hereditarias que en cualquier otra nación del planeta.
- El poderío estadounidense ha hecho posible una paz extraordinariamente larga. Muchos han olvidado, o tal vez dan por sentado, que durante casi un siglo ha prevalecido en el mundo alguna forma de paz sin un conflicto militar entre grandes potencias. Al menos tres generaciones —miles de millones de personas, sus hijos y ahora sus nietos— nunca han conocido una guerra mundial.
- Es necesario revertir el debilitamiento de Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial. La pérdida de poderío militar de Alemania fue una reacción exagerada por la que Europa ahora paga un alto precio. Un compromiso similar, y sumamente teatral, con el pacifismo japonés, de mantenerse, también amenazará con alterar el equilibrio de poder en Asia.
- Debemos aplaudir a quienes intentan construir donde el mercado no ha actuado. La cultura casi se burla del interés de Musk por las grandes narrativas, como si los multimillonarios debieran limitarse a enriquecerse… Cualquier curiosidad o interés genuino en el valor de lo que ha creado es esencialmente descartado, o tal vez se esconde tras un desdén apenas disimulado.
- Silicon Valley debe desempeñar un papel importante en la lucha contra la delincuencia violenta. Muchos políticos en Estados Unidos se han mostrado indiferentes ante este problema, abandonando cualquier esfuerzo serio por abordarlo o arriesgarse con sus electores o donantes a la hora de proponer soluciones y experimentos que deberían ser un intento desesperado por salvar vidas.
- La exposición implacable de la vida privada de las figuras públicas aleja a demasiados talentos del servicio público. El ámbito público —y los ataques superficiales y mezquinos contra quienes se atreven a hacer algo más que enriquecerse— se ha vuelto tan implacable que la república se encuentra con una importante lista de personas ineficaces y vacías, cuya ambición se perdonaría si existiera en su interior algún tipo de convicción genuina.
- La cautela en la vida pública que, sin darnos cuenta, fomentamos, es corrosiva. Quienes no dicen nada malo, a menudo no dicen gran cosa.
- Hay que resistir la intolerancia generalizada hacia las creencias religiosas en ciertos círculos. La intolerancia de la élite hacia las creencias religiosas es quizás una de las señales más reveladoras de que su proyecto político constituye un movimiento intelectual menos abierto de lo que muchos de sus miembros afirman.
- Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas. Ahora todas las culturas son iguales. Se prohíben las críticas y los juicios de valor. Sin embargo, este nuevo dogma pasa por alto el hecho de que ciertas culturas, e incluso subculturas, han producido maravillas. Otras han resultado mediocres, y peor aún, regresivas y perjudiciales.
- Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y sin sentido. En Estados Unidos, y más ampliamente en Occidente, nos hemos resistido durante el último medio siglo a definir culturas nacionales en nombre de la inclusión. Pero, ¿inclusión en qué?
(Puntos tomados de Business Insider del 20.04.2026)
Existe un hilo conductor entre aquellos principios llevados por el Mayflower en 1620, la Teoría del Destino Manifiesto, el Tea Party y los 22 puntos resumen de la obra de Karp y Zaminska: que Estados Unidos es el primero, que ha de anular la competencia que pueda tener y que todos los demás no importan. Esta es hoy la manifestación de la Galaxia Trump, en el fondo no muy diferente en su contexto a otras galaxias imperantes en el pasado en Estados Unidos.
Veremos si el resto del mundo continúa aceptando sus planteamientos.
28.04.2026